3 de julio de 2021
Por Felipe Ant0nio Zrruk
Hugo Alejandro Scrimaglia Rochetti a quien el narrador costarricense Carlos Arturo Rueda C. apodó el ‘Mariscal del Área’, nació en Villa Mercedes de San Luis en 1934, tierra en la cual también llegó al mundo Juan Gilberto Funes, bautizado por Jaime Ortíz Alvear como el ‘Búfalo’ de San Luis. Cuando Hugo tenía 10 años sus padres se trasladaron a Buenos Aires y se van a vivir al Barrio Flores en donde el pequeño hijo de inmigrantes italianos jugaba al fútbol y cualquier día se presentó a San Lorenzo de Almagro, el club de Boedo en donde militó por varios años y por un tiempo estuvo a préstamo en el J.J Urquiza de Caseros. Una tarde de 1959 se encontró en un café con el ‘Judío’ Felipe Stemberg y con Américo Montanini quienes le proponen venir al Bucaramanga.
Hugo Alejandro tenía sus dudas, porque además estaba a punto de casarse con Rosalía Petrone Benavidez, una hermosa porteña a quien había conocido en un baile en Vélez Sarsfield ya que ‘Tita’ era deportista de este club. Ella también vivía en Flores, a 10 cuadras de la casa de Hugo y nunca se habían visto.
El zaguero central enamoró a la señorita Petrone, también hija de italianos e hincha de River Plate y con su caballerosidad y señorío la conquistó, a tal punto que antes de venir a Colombia llevaban 3 años de noviazgo. Hugo puso como condición que le debían pagar los tiquetes a Tita con quien se casó por lo civil mediante un poder que le dejó firmado a su hermano, para que lo reemplazara en la ceremonia pocos días después. Llegó a Colombia un jueves en compañía de otro gran jugador y señor a carta cabal como Roberto ‘Campesino’ Marini y debutaron 3 días después ante el Unión Magdalena equipo que tuvo mucho que ver en la vida del ‘Tano’ Scrimaglia. Se quedó muchos años como dueño del puesto en la zaga central, tenía don de mando desde el fondo, buen juego aéreo y una clase inigualable para sacar con limpieza el balón.
Claro que cuando tenía que poner la suela e ir a buscar un rival, no se andaba con cuentos. Hizo parte de aquél famoso equipo de 1960 -Berto, Casali, Marini, Scrimaglia, Janiot y Solórzano, Aceros, Coll, Giarrizo, Montanini y Otero- en su momento el mejor de ese campeonato, pero que perdió el título ante Santa Fe cuando el onceno dirigido por el ‘Andarín’ Barbieri se fue 6 días antes del encuentro, entrenaban poco y el Hotel Regina se convirtió en un casino con juego de naipes hasta las 4 de la mañana.
Un día papá llevó a Hugo a nuestra casa y le pregunté qué les había pasado. El ‘Mariscal’ me dijo: “¡Peladito, yo fui a buscar a Tita al aeropuerto de Techo y cuando subí unas escaleras me agité y no podía ni respirar, ahí pensé, el domingo la vamos a pasar mal!”. Y así fue, el 5 a 1 lo dijo todo. Tita y Hugo se casaron en la Iglesia de Fátima en el Parque de los Niños, vivieron en San Alonso, San Francisco, se fueron para Santa Marta por el vínculo de Scrimaglia con el Unión Magdalena y allí tuvieron dos negocios, La Parrilla de Hugo y el Rincón Gaucho. A su regreso se alojaron en la casa de Américo Montanini mientras les entregaban su apartamento en Bucarica cuarta etapa.
Dios los premió con Carlos Alejandro, un hijo espectacular, quien se los llevó a vivir a Bogotá, ciudad en la cual Hugo falleció hace 5 días. Vistió la camiseta del Bucaramanga en 337 partidos y nunca le reclamó nada a un equipo que lo ignoró por décadas. Se despidió en silencio, como lo hacen los grandes soldados, sin ruido de sables ni salvas de 21 cañonazos, tampoco le entregaron la bandera auriverde a su compañera inseparable. Partió su cortejo fúnebre y seguramente su pelotón lo estará esperando en el cielo. La tropa del 60 le rinde… ¡Honores al Mariscal! Buen viaje querido Hugo, te vamos a extrañar por siempre. Nostálgico abrazo, chao y hasta la próxima.

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