2 de julio de 2021
En principio esa es la sensación que me embarga ante el número de contagios y fallecidos por el COVID 19 en Santander sin que se produzca temor.
No de otra manera puede explicarse que todos los días 60 coterráneos en promedio se mueran y se contagien más de 2.000 personas y nosotros ya no nos conmovamos y lo aceptamos como algo cotidiano y que hace parte del paisaje diario. Llevamos en Santander más de 5.000 muertos y 198.000 contagiados a la fecha y no nos asombramos.
Nos limitamos a expresar nuestra solidaridad con las familias en las redes y a subir las fotos de los amigos, familiares y conocidos difuntos. Pero hasta ahí no más. Esos tristes acontecimientos que fulminaron a nuestros amigos y familiares no sirven de escarmiento. Muchos piensan que son indemnes ante la pandemia, que no les llegará y muy orondos salen a llevar una vida normal sin cuidarse y a asistir a reuniones y fiestas sin el cuidado personal y el debido distanciamiento. Se convierten en proyectiles mortales contra sus familiares y amigos e inundan de dolor y de tristeza a miles de familias.
Lo contrario al miedo es la valentía y entonces me pregunto ¿será que son valientes o más bien irresponsables ? : Creo lo último. Y agrego algo más; muchos son ignorantes divorciados de la ciencia, manipulados e influenciados que no creen en la vacuna y de manera falaz le atribuyen contenidos perjudiciales y de instrumento de dominio contra la raza humana. Muchos de estos incrédulos ya tienen lapida en los cementerios después de haber propagado el contagio y de paso la muerte.
Eso no se puede llamar valentía, es irresponsabilidad , insensatez, cobardía, inmadurez; carecen de voluntad para cumplir con las normas y la obligación del cuidado personal y de protegerse tanto ellos como a los demás.
Es decir, las personas irresponsables tienen alterada la escala de valores y de prioridades rompiendo con el orden familiar y social generalmente establecido como correcto.
Cuando reaccionarán ? Quien sabe. Cuando lo traten de hacer a lo mejor ya será demasiado tarde.
Carlos Ibáñez Muñoz

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