17 de enero de 2024
Con la reciente noticia surgida desde territorio petrolero, Barrancabermeja, en torno al cambio de domicilio del Alianza Petrolera a Valledupar, lejos de ser un tema aislado, es una realidad que alerta a todos los equipos colombianos o, mejor, a los hinchas.
Pero recapitulemos. El fútbol colombiano hace años se volvió un negocio millonario, en el
cual los dueños del aviso reciben enormes caudales de dinero por derechos de televisión, patrocinios y otros dividendos que resultaría dificilísimo explicar en tan poquitas líneas de texto. El caso aliancista se da porque, según Carlos Orlando Ferreira, las personas no acompañan al equipo y el empresariado es fragmentado y no decide entrar a patrocinar las gestas deportivas.
La decisión arbitraria que se tomó para el traslado del equipo deja entrever que, lejos de ser un equipo fiel a sus hinchas, los directivos se venden al mejor postor de la escena pública, y esas campañas de mercadeo, antes de iniciar un torneo, invitando a su hinchas a asistir al estadio y acompañar el equipo, son hechas con la única finalidad de engrosar las arcas de sus dueños.
Barrancabermeja así no solo perdió a su equipo deportivo más destacado, sino que tanto sus hinchas, esos que creen año tras año, periodistas, que dan a conocer a la luz pública las novedades en torno a la institución, quedaron huérfanos y sus sentimientos colapsados por un manejo burocrático, Esto retumba por todos los medios de comunicación y recuerda que un club no es más que una empresa privada.
Este hecho noticioso, no está del todo desligado de la realidad leoparda porque hace no mucho tiempo, en épocas electorales, Óscar Alvarez vendió su campaña política en Ocaña con la propuesta de llevar el FPC a esas tierras a expensas de trasladar al Atlético Bucaramanga.
Es ilustrativo, también, el reciente caso del Cúcuta Deportivo con José Augusto Cadena al mando, que llevó al cuadro motilón a errar por tierras zipaquireñas dejando a la tierra nortesantandereana sin el equipo de sus amores. ¿La razón? según cuentan, por alianzas políticas convenientes.¡Qué prestantes son nuestros directivos del fútbol, ¿no?!
Volvamos a la tierra bumanguesa, con estos dos precedentes. Un club deportivo es público cuando se necesita que giren los torniquetes del estadio y es privado cuando se habla de incorporaciones y manejo administrativo. No es descabellado que, un día cualquiera, el ilustre Alvarez salga en los medios de comunicación con buenas nuevas: el club se traslada a tierras desconocidas sin dejar rastro más que una plaza deportiva desierta; cambiando colores, escudo y hasta nombre.
¿Será la premonición de una muerte anunciada?…
Columna de Alvaro Domínguez
Comunicador Social -UDI

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